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Ella se pregunta ahora la razón del retroceso. Un hombre se da cuenta de que desea a una mujer, y en vez de avanzar, retrocede.
Se pregunta, en realidad, si más que una cuestión de merecimientos sencillamente se trató de que desearla no era algo que estuviera escrito en el guión, algo que no formaba parte de ningún plan, más que de alguna forma de simulación o de cálculo.
Ella le había dicho en un momento que se reconocía por primera vez a sí misma con rasgos un poco suspicaces. Pero no sabe si él pudo registrar esa frase, es más: tiene la sensación de que justo en ese momento no la estaba escuchando. Le vuelve la imagen de alguien abstraído en su propia calesita mental, tratando de hacer un esfuerzo sincero por desconectarse de ese girar ruidoso, como un caballito de madera que se escapa...
Ella recuerda la dureza de los tiempos y se pregunta cómo podría no haber estado suspicaz por entonces. Quiso advertirle, cuidarlo.
¿Cómo saber qué es lo que el otro escuchó desde su propia suspicacia?

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