Él sale

Él sale a cazar por la noche. Y después de completar su ritual, se descalza, toma algo de alcohol, pero poco, mientras fuma un cigarrillo y se pone a leer.

La computadora le devuelve un mundo personal distinto del que hace un rato desfilaba por su ingle.

Ella lo espera allí. Y lo sabe.

Le cuenta mil historias que él descubre ávido cada vez que se conecta con el mundo de la pequeña escritora subterránea.

No sabe siquiera cómo se llama, porque hasta su nombre es de fantasía.

Él es feliz leyendo un mundo ajeno, y como si fuera un cucurucho de dulce de leche y mouse de limón, se derrite a cada paso, se lee a sí mismo, la lee y se desnuda.








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